JAMAS SERÁS MAESTR@...
Si tu clase tiene más parentesco a una oficina que con tu hogar.
Si tus ojos son dos látigos permanentemente dispuestos para el castigo visual, si tus nervios explotan mil veces al día.
Si tus frases en vez de caricia, son púas que arañan, si necesitas un arsenal de gritos para tus combates diarios.
Si los niños llegan recelosos a tu escuela, como llegan los enfermos al hospital. Y si te aceptan, no como alimento grato, sino como una medicina
obligada.
Si al abrir la puerta de la escuela parece que bostezaras y al cerrarse sonrieras.
Si tu escuela, además de un cuerpo, no tiene alma. Si no comprendes que el alma de cada niño es un libro en blanco el cual estás escribiendo para toda la
vida.
Y si, en vez de escribir en ese libro himnos triunfales, te contentas con escribir mediocridades y ramplonerías.
Si trabajas solo cuando te fiscalizan.
Así...
Jamás serás maestr@
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